La langosta es un marisco que no necesita presentación: basta con nombrarla para que nos vengan a la mente elegantes banquetes, celebraciones especiales y ese exquisito sabor que la ha convertido en uno de los mariscos más apreciados en todo el mundo. Su carne, blanca, jugosa y con un delicado toque dulce, ha sido capaz de conquistar todo tipo de paladares.
Ya en la antigua Roma, la langosta formaba parte de los banquetes imperiales, como relata Apicio, un afamado gastrónomo romano del siglo I. Con el paso de los siglos, lo que era un alimento relativamente común terminó convirtiéndose en un manjar exclusivo. La sobreexplotación y la escasez de sus capturas transformaron a la langosta en un marisco muy codiciado, reservado para ocasiones especiales.
Desde el punto de vista nutricional, la langosta es un alimento rico en proteínas de alta calidad, bajo en grasas y sorprendentemente ligero en calorías. Aporta, además, minerales y vitaminas esenciales, lo que la convierte en una opción saludable para quienes desean disfrutar de un capricho sin remordimientos. Una combinación perfecta entre placer y bienestar.
Y si todo esto fuera poco, la langosta es una pieza clave en los ecosistemas marinos, contribuyendo al reciclaje de nutrientes y funcionando como un indicador natural de la buena salud de los océanos. En definitiva, estamos ante un auténtico tesoro del mar: sabroso, nutritivo y vital para el equilibrio de nuestros mares.
En este post del blog de mariskito, un blog la mar de interesante, te lo contamos todo sobre la langosta: un marisco muy apreciado por su exclusividad y sabor sublime.
¿Qué es la langosta?
La langosta (Palinurus elephas) pertenece al grupo de los crustáceos decápodos, es decir, aquellos que cuentan con diez patas. Su cuerpo está recubierto por un caparazón duro que le sirve de protección y, como ocurre con otros mariscos, está dividido en segmentos y provisto de apéndices articulados que le permiten desplazarse con agilidad por el fondo marino.
A simple vista, la langosta resulta inconfundible por sus colores, que varían entre tonos rojizos y violáceos, adornados con manchas amarillas distribuidas de forma simétrica en su parte posterior. Su abdomen es cilíndrico y presenta pequeñas espículas, afinándose hacia su cola en forma de abanico, que le ayuda a impulsarse rápidamente si necesita huir.
Su cabeza es otro de sus rasgos más característicos: presenta algunas espinas y está coronada por dos largas antenas, mucho más prominentes que las de otros crustáceos. Cumplen una doble función: le sirven para orientarse y reconocer su entorno mediante el tacto, pero también como mecanismo de defensa para ahuyentar a posibles depredadores y defender su territorio. Los ojos de la langosta, situados en pedúnculos móviles, le otorgan un amplio campo visual y gran sensibilidad a los movimientos.
A diferencia de otros mariscos como los bogavantes o los cangrejos, la langosta carece de pinzas. En su lugar, utiliza una especie de estructura en forma de cuchilla con la que puede triturar a sus presas y desprender de las rocas los alimentos que forman parte de su dieta.
La mar de curioso… La langosta más grande registrada oficialmente pesó 20,14 kg, según el Libro Guinness de los Récords. |
Hábitat y pesca de la langosta
Las langostas prefieren fondos marinos rocosos con recovecos donde poder refugiarse. Suelen encontrarse en aguas más profundas que otros mariscos, prefiriendo normalmente entre los 150 y 600 metros bajo la superficie, aunque durante el verano es posible que se acerquen a aguas menos profundas y zonas cercanas a la costa.
Su distribución geográfica es amplia: se localiza en buena parte del océano Atlántico, desde las costas del norte de Europa hasta la península ibérica y en el Mediterráneo, salvo en ciertos puntos orientales donde resulta más escasa.
En cuanto a su comportamiento, la langosta es un marisco nocturno. Pasa el día escondida en cuevas o grietas naturales, y cuando llega la oscuridad se activa para salir a buscar alimento. Su dieta es variada y se compone de pequeños crustáceos, moluscos, gusanos, algas y restos orgánicos, lo que la convierte en un excelente reciclador del ecosistema marino.
Para su captura, la técnica más tradicional y efectiva es el uso de nasas, especialmente diseñadas para este crustáceo. Estas trampas, llamadas “nasas langosteras”, se ceban con pescado y se colocan en zonas donde las langostas son habituales. Su principal ventaja es que se trata de un método selectivo y con menor impacto ambiental que otras prácticas.
Tras ser capturada, la langosta suele conservarse en cetáreas, tanques de agua de mar que reproducen las condiciones naturales. De este modo se garantiza que llegue al consumidor en perfecto estado de calidad y frescura.
La mar de curioso… Durante su migración, las langostas forman filas de hasta 100,000 individuos, tocando con sus antenas la cola de la langosta que tienen delante. |
Propiedades y beneficios de la langosta
La langosta no solo es uno de los mariscos más apreciados, también destaca por ser un alimento muy completo desde el punto de vista nutricional. Incluirla en nuestra dieta, nos aportará diversos beneficios para la salud gracias a sus numerosas propiedades.
La langosta es un marisco rico en proteínas y bajo en grasas
Una de las principales propiedades de la langosta es su alto contenido en proteínas de calidad, indispensables para el desarrollo y mantenimiento de músculos y tejidos. Además, se trata de proteínas magras, ya que este marisco apenas contiene grasa, y la poca que tiene es, en gran medida, saludable. Por cada 100 gramos, la langosta aporta unas 90 kcal, lo que la convierte en una opción ligera y muy nutritiva.
La langosta es fuente de ácidos grasos esenciales
La langosta también es rica en ácidos grasos omega-3, conocidos por su papel en cuidar la salud cardiovascular. Estos compuestos ayudan a regular los niveles de colesterol, favorecen la circulación sanguínea y reducen la inflamación en el organismo.
Aporta vitamina B3
La langosta es rica en vitamina B3 (niacina), que desempeña un papel clave en el metabolismo de hidratos de carbono, grasas y proteínas. Entre sus beneficios se incluyen:
- Favorecer la producción de energía.
- Mantener el buen funcionamiento del sistema nervioso.
- Ayudar a combatir el cansancio, el estrés e incluso algunos tipos de migraña.
También minerales esenciales
Además de vitaminas, proteínas y ácidos grasos, la langosta es una estupenda fuente de minerales como:
- Zinc: fortalece el sistema inmunitario y ayuda al cuidado de huesos y tejidos. Incluso puede prevenir la osteoporosis
- Yodo: imprescindible para el metabolismo y la función tiroidea, especialmente en etapas de crecimiento.
- Hierro: previene la anemia y mejora la oxigenación de la sangre.
- Fósforo y magnesio: intervienen en la salud ósea y muscular.
- Potasio: favorece el equilibrio de líquidos y la función cardiovascular.
Valores nutricionales de la langosta
En la siguiente tabla te mostramos los valores nutricionales de la langosta, un marisco muy apreciado:
Nutriente | Cantidad por 100 g |
---|---|
Energía | 91 Kcal |
Proteínas | 18,3 g |
Lípidos totales | 2 g |
AG saturados | 0,24 g |
AG monoinsaturados | 0,38 g |
AG poliinsaturados | 0,74 g |
Ácidos grasos omega-3 | 0,528 g |
C18:2 Linoleico (omega-6) | 0,045 g |
Colesterol | 150 mg/1000 kcal |
Hidratos de carbono | 0 g |
Agua | 79,7 g |
Calcio | 60 mg |
Hierro | 0,7 mg |
Yodo | 37 μg |
Magnesio | 34 mg |
Zinc | 2,3 mg |
Sodio | 270 mg |
Potasio | 220 mg |
Fósforo | 261 mg |
Selenio | 99 μg |
Tiamina (B1) | 0,12 mg |
Riboflavina (B2) | 0,11 mg |
Equivalentes de niacina (B3) | 5,3 mg |
Vitamina B6 | 0,06 mg |
Folatos (B9) | 17 μg |
Vitamina B12 | 1 μg |
Vitamina E | 1,5 mg |
Langosta y colesterol
Durante mucho tiempo se ha mantenido la idea de que el marisco es perjudicial para el colesterol, pero lo cierto es que esta creencia no es cierta. En realidad, el consumo de marisco, incluida la langosta, puede formar parte de una dieta equilibrada siempre que se consuma con moderación y de forma adecuada.
La langosta contiene alrededor de 150 mg de colesterol por cada 100 g de carne, una cifra que puede parecer elevada. Sin embargo, hay que precisar algo: a diferencia de las carnes rojas o procesadas, la langosta apenas contiene grasas saturadas, que son las que realmente influyen de manera más perjudicial en el aumento del colesterol LDL, conocido como “colesterol malo”.
Además, la langosta aporta ácidos grasos omega-3, un tipo de grasa saludable con muchos efectos positivos para el corazón: ayudan a mejorar el perfil lipídico en sangre, reduciendo la inflamación y contribuyendo a regular los niveles de colesterol. En otras palabras, los nutrientes de la langosta compensan su aporte de colesterol.
Otro detalle importante a tener en cuenta es la parte del marisco que consumimos. La mayor concentración de colesterol se encuentra en la cabeza de la langosta y otros crustáceos, por lo que lo más recomendable es limitar o evitar su consumo y centrarse en la carne de la cola y las pinzas.
Para aprovechar todos sus beneficios sin riesgos añadidos, conviene preparar la langosta de manera saludable: cocida, a la plancha, a la parrilla o al vapor, evitando salsas grasas o frituras que podrían aumentar innecesariamente las calorías y las grasas no saludables.
La mar de curioso… Las langostas emiten un sonido llamado ‘estridulación’ al mover y rozar sus largas antenas. |
Diferentes tipos de langostas
Cuando hablamos de langostas, lo habitual es pensar en un único tipo de marisco. Sin embargo, no existe una sola especie de langosta, sino varias, con diferencias notables en su aspecto, hábitat y también en su sabor y valor gastronómico. A continuación, te contamos cuáles son las principales especies de langosta que podemos encontrar en el mercado y cómo identificarlas:
Langosta roja (Palinurus elephas)
La langosta roja es probablemente la más común, ya que forma parte de la tradición pesquera y gastronómica de países como España, Portugal, Francia e Italia. Su aspecto es inconfundible: caparazón duro, tonos que van del marrón al rojizo y largas antenas.
En la cocina es la especie más apreciada. Su carne blanca, fina y consistente tiene un sabor delicado, con un punto dulce y bajo contenido en grasa. Por eso es protagonista de recetas tradicionales, desde arroces y guisos marineros hasta preparaciones más sencillas como la langosta hervida, cocida o a la plancha.
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Langosta espinosa (Panulirus argus)
La langosta espinosa es típica de aguas tropicales y subtropicales. Se encuentra en el Atlántico occidental, desde Carolina del Norte hasta Brasil, incluyendo zonas de gran tradición pesquera como el Caribe y el Golfo de México.
Es fácil de identificar por el caparazón lleno de espinas y sus largas antenas, mucho más prominentes que las de la langosta común. Su color suele variar entre tonos marrones y anaranjados con manchas claras.
Es muy apreciada en la gastronomía caribeña, donde forma parte de platos emblemáticos como la langosta al estilo cubano, al ajillo o acompañada de salsas tropicales. Su carne es sabrosa, aunque algo menos fina que la de la langosta roja.
Langosta blanca (Palinurus mauritanicus)
Esta especie prefiere aguas más profundas, entre los 150 y los 600 metros, lo que la hace menos accesible para la pesca artesanal. Su hábitat natural son las aguas del Atlántico oriental y el Mediterráneo, especialmente en la costa africana y el sur de Europa.
La langosta blanca se diferencia por su tonalidad más rosada y por un caparazón con espinas menos marcadas que el de la langosta común. En términos gastronómicos, su carne también es bastante apreciada, aunque menos conocida.
Langosta real (Palinurus regius)
La llamada langosta real, también conocida como langosta verde, se identifica por la tonalidad verdosa de su caparazón. Además, presenta una característica muy llamativa: una franja blanca transversal en cada segmento del abdomen.
Habita en profundidades poco pronunciadas, entre 5 y 40 metros, lo que facilita su captura. Se encuentra principalmente en la costa occidental africana y en el Mediterráneo, especialmente en el sur de Francia y España.
En la cocina, su carne destaca por ser firme y de calidad, con un sabor muy agradable. Aunque no es tan común en los mercados europeos como la langosta roja, está ganando presencia gracias a su creciente demanda.
Langosta del Cabo (Jasus lalandii)
También conocida como langosta africana, procede de las costas de Cabo Verde, Namibia y Mauritania. Su aspecto es fácilmente reconocible: cuerpo de color verde con bandas más claras en los laterales y cola y antenas muy espinosas.
Es una especie muy vinculada a la pesca en el sur de África, donde constituye un recurso económico importante.
Langosta cubana (Palinurus spp.)
Como su nombre indica, procede de las aguas que rodean Cuba. Se diferencia notablemente de las especies europeas y africanas, tanto por su morfología como por su sabor. Forma parte esencial de la gastronomía cubana, donde se prepara a la parrilla, en sopas y en guisos con influencias caribeñas.
Lo más común es encontrarla congelada, ya que no suele comercializarse fresca fuera de su lugar de origen.
Langosta americana (Homarus americanus)
Aquí surge una de las grandes confusiones: la llamada “langosta americana” en realidad no es una langosta en sentido estricto, sino un bogavante, perteneciente a la familia Nephropidae.
Habita en el Atlántico noroccidental, desde Canadá hasta Carolina del Norte, y en inglés se la conoce como “lobster”, término que suele generar confusión porque también se utiliza para referirse a las langostas.
El bogavante americano se distingue por sus grandes pinzas, que la verdadera langosta no tiene. Su carne es más abundante, pero muy diferente en sabor, textura y calidad.
Diferencias entre langosta y bogavante
Aunque a simple vista pueden parecer similares, la langosta y el bogavante son mariscos distintos. Pese a que ambos pertenecen al grupo de los crustáceos decápodos, lo que significa que poseen diez patas, se diferencian claramente en diversos aspectos.
Si vas a comprar bogavante, debes conocer que se distingue de la langosta en que su caparazón es de un característico color azul oscuro. Además, el bogavante tiene dos pinzas delanteras grandes y robustas, que utiliza para defenderse y capturar presas.

Por su parte, la langosta tiene un caparazón más espinoso y punzante, de color rojizo o pardo anaranjado. A diferencia del bogavante, la langosta carece de pinzas, pero cuenta con dos largas antenas que le ayudan a orientarse y a mostrar territorialidad.
Desde el punto de vista taxonómico, pertenecen a familias distintas. El bogavante forma parte de la familia Nephropidae, mientras que la langosta se encuadra dentro de las familias Palinuridae o Scyllaridae, según la especie.
¿Cómo preparar langosta?
Cocinar langosta es muy sencillo: su carne de gran calidad y sabor delicado permite preparaciones exquisitas que resaltan su textura y aroma natural. Lo importante es respetar su cocción para mantenerla jugosa y tierna.

El método más habitual y fácil es la langosta hervida en agua salada. Se recomienda añadir aproximadamente 70 gramos de sal por litro de agua y empezar a contar la cocción desde que el agua vuelve a bullir. El tiempo dependerá del tamaño: un ejemplar de 1 kg suele necesitar unos 25 minutos. El caparazón cambia de color a un rojo brillante, señal de que la langosta está lista y la carne ha alcanzado la textura ideal.
Además, la langosta se adapta muy bien a recetas tradicionales, como por ejemplo:
- Arroces caldosos: la carne aporta jugosidad y profundidad de sabor.
- Sopas y guisos: enriquece los caldos y combina perfectamente con otros mariscos.
- Calderetas: su carne firme soporta bien la cocción prolongada.
La langosta también queda increíble a la plancha, o en una barbacoa de marisco, logrando un aroma y sabor más intensos. Pincelarla con aceite de oliva y aliñarla con limón, hierbas frescas o una vinagreta ligera realzará su sabor sin enmascararlo.
Si prefieres preparaciones más ligeras, nosotros te recomendamos una ensalada de langosta roja y perejil. Una opción fresca y deliciosa, ideal para destacar el sabor de la langosta de forma sencilla y elegante.
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Fuentes: Fundación Española de la Nutrición (FEN) / Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) / Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) / Consellería do Mar – Xunta de Galicia / Fundación Española del Corazón (FEC)